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sábado, 16 de mayo de 2026

El Padre nos ama, porque sabe que nosotros amamos a Jesús y queremos ser fieles y leales y con esa misma lealtad Dios nos ama y escuchará siempre nuestra oración


 

El Padre nos ama, porque sabe que nosotros amamos a Jesús y queremos ser fieles y leales y con esa misma lealtad Dios nos ama y escuchará siempre nuestra oración

Hechos 18, 23-28; Salmo 46; Juan 16, 23b-28

Qué hermoso cuando se manifiesta la lealtad, pero una lealtad sin medida, en nuestras relaciones humanas creando vínculos de amistad, pero de una amistad fiel y leal, que se mantiene en pie a pesar de cuanto suceda, de cuantas cosas nos pueden atacar por esa lealtad, o incluso descubriendo la debilidad de las otras personas. Permanecemos leales, porque ya hay algo que nos une, se van estableciendo un vínculo de amor que entrañará confianza y que hará crecer esos buenos sentimientos que nos podamos tener los unos a los otros. Algunas veces no es fácil, pero ese valor de la lealtad lo consideramos esencial dándole una mayor riqueza y solidez a nuestra vida.

Es lo que estamos viendo que Jesús quiere hacernos entender en lo que han de ser nuestras relaciones con Dios, que tendrán que ser imagen de lo que han de ser nuestras mutuas relaciones. No podemos andar cambiándonos de chaqueta según sean las circunstancias de nuestra vida; y eso es algo que vemos demasiado extendido en nuestro entorno, a la gente le cuesta mucho la fidelidad, ser leales a esas personas con las que nos relacionamos y convivimos, no podemos dejar las romper. Pero hoy vemos que se ve mismamente ajado ya lo descartamos y no somos capaces de reconstruir en nombre de esa fidelidad y lealtad. Cuantas puñaladas por la espalda recibimos de aquellos que tenían que ser o con los que nos teníamos que manifestar con mayor lealtad. Y serán heridas difíciles de curar.

Hoy entre otras cosas y para decirnos mucho más de lo que son aparentemente sus primeras palabras, nos habla de cómo El pide al Padre por nosotros, pero también de la confianza con que nosotros hemos de pedir. Y no es ya sólo porque tengamos a Jesús como Mediador e intermediario ante el Padre, que lo es, sino que como nos dice podemos pedirle directamente al Padre porque El nos ama, porque sabe como nosotros amamos a Jesús y queremos escucharle y seguirle.

Qué hermoso lo que nos está diciendo Jesús, el Padre nos ama, porque sabe que nosotros amamos a Jesús y queremos ser fieles y leales y con esa misma lealtad Dios nos ama a nosotros y escuchará siempre nuestra oración. ¿No nos sentiremos reconfortados con eso? Eso tiene que hacer crecer nuestro amor y nuestra fidelidad, eso tiene que hacer brillar nuestra lealtad para no fallarle en ese amor, a pesar de tantas debilidades como hay en nuestra vida. Esto nos tiene que hacer tener una nueva y distinta mirada a los demás para que brille también nuestra lealtad en la amistad y nada la pueda perturbar.

No podemos desechar y descartar los caminos recorridos. Podrán haber tenido sus más y sus menos, como solemos decir, momentos buenos en que nos hemos sentido felices con lo que han ido a nuestro lado, y momentos más costosos porque tenemos nuestras reacciones, porque hay momentos en que las cosas se nos ponen difíciles y no sabemos cómo reaccionar, porque surgen caprichos e incomprensiones, porque aparecen heridas que algunas veces se nos hace difícil curarlas, pero ¿vamos a tirar por la borda los buenos pasos recorridos, esos momentos de confianza en que nos hemos desahogado con el amigo y de él hemos recibido consuelo? ¿Vamos a aprovecharnos de lo que en nuestras confidencias sabemos el uno del otro para echárselo en cara y dejarlo plantado en la calle? ¿Hasta dónde llega la lealtad por esa confianza y cercanía que un día existió?

Vemos demasiados lazos rotos tirados al borde del camino por esa falta de lealtad. Como cristianos, ¿nos podemos quedar insensibles ante esas situaciones y decir simplemente que son cosas de la vida? Creo que el amor de Dios tan leal con nosotros nos está diciendo o nos está pidiendo unas nuevas actitudes.


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