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viernes, 20 de febrero de 2026

Un aprendizaje necesario para saber decirnos no en lo que no nos conviene aunque parezca bueno y mantenernos firmes en la consecución de nuestras metas

 


Un aprendizaje necesario para saber decirnos no en lo que no nos conviene aunque parezca bueno y mantenernos firmes en la consecución de nuestras metas

Isaías 58, 1-9ª; Salmo 50; Mateo 9, 14-15

Vamos dando los primeros pasos de nuestro camino cuaresmal y ya la Palabra de Dios nos va ayudando a que sepamos encontrar esos hitos que marcan nuestro camino, que van a estar ahí a nuestro lado, que nos van a señalar formas y maneras y que encauzan todo ese esfuerzo de superación que hemos de vivir en estos días como verdadero aprendizaje y preparación para que le demos auténtico sentido a la Pascua que vamos a vivir y a celebrar.

Comencemos por la pregunta que le hacen algunos a Jesús de por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan mientras no lo hacen sus discípulos. Era una práctica muy socorrida en la espiritualidad judía y que de alguna manera intensificaban aquellos grupos que se formaban en torno a los profetas o que se formaban desde un deseo de mayor espiritualidad y fidelidad a la Alianza. El Bautista se había presentado con señales de gran austeridad, en el lugar en el que habitaba, el desierto, más allá del Jordán, en la forma de presentarse vestido con gran pobreza pero también en su alimentación a base solo de aquellas cosas que allá en el desierto podía encontrar, las langostas del desierto o acaso miel silvestre encontrada en cualquier oquedad que aprovechaban las abejas.

Cuando ante nosotros se nos presenta un personaje que nos atrae con su mensaje y con su estilo de vida tratamos de imitarlo, aunque hay el peligro que lo imitemos más en las apariencias externas que en la copia en nuestra vida de sus actitudes y de su plan de vida. Son de alguna manera unas desviaciones que van surgiendo muchas veces de forma natural pero con lo tergiversamos lo que es el verdadero mensaje que se nos quiere trasmitir; siempre buscamos más la formalidad de un cumplimiento que la radicalidad de un cambio de manera de vivir.

Por eso aquí tenemos que escuchar lo que hoy nos ha dicho el profeta. ¿Cuál es el ayuno que el Señor quiere? ‘El día de ayuno, les dice el profeta, hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos. No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo’. Otras tienen que ser nuestras actitudes en la vida que nos lleve a actuar de forma diferente. Escuchemos directamente al profeta: ‘Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos’.

Ya recordáis las pautas que os ofrecía el pasado miércoles de ceniza de esos signos y señales que tenemos que dar ante los que nos rodean del amor de Dios en nuestra vida. Es la liberación que hemos de ofrecer, son los signos del amor los que tienen que brillar. Si no somos capaces de mostrarnos con amor y misericordia con los que están a nuestro lado ¿qué signo estamos dando del amor de Dios? ¿Cómo estaremos diciéndoles que Dios los ama?

A la pregunta que le hacían a Jesús sobre el por qué del ayuno o no ayuno, de entrada Jesús nos viene a decir cómo se puede mermar nuestra alegría si estamos disfrutando de la presencia del Señor. ‘¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?’ Es la alegría con la que siempre nos hemos de mostrar y que será también un signo que manifestemos a los demás de cómo nos sentimos amados del Señor.

Pero, sin embargo, Jesús habla de momentos en los que el discípulo puede sentir tristeza en su corazón. ‘Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán’. Podemos ver un anuncio de lo que va a significar la pasión para los discípulos. La pasión que nosotros ahora vamos a celebrar en la Pascua, pero es la pasión por la que hemos de pasar en la pascua de nuestra vida, cuando nos vengan los momentos difíciles, cuando la tentación nos envuelva, cuando nos sintamos que no terminamos de encajar en ese mundo que nos rodea que trata de llevarnos por otros cauces, cuando los problemas se nos acumulen y nos parezca sentirnos solos y abandonados porque nos cuesta encontrar salida. Momentos duros de los que aprenderemos a salir con ese aprendizaje del ayuno, porque ayunar es decirnos no, a unos alimentos por ejemplo, pero también a otras muchas cosas que nos ofrece la vida pero que nosotros tenemos que saber discernir si nos convienen o no nos convienen.

Hoy nos cuesta renunciar, nos cuesta decirnos no, nos cuesta tomar decisiones radicales ante lo que tenemos o podemos hacer. No todo puede ser como dejarnos llevar por una balsa en la que nos arrastran las aguas; hay que saber enderezar el camino, tenemos que saber discernir lo que nos conviene, tenemos que aprender a esforzarnos por lo que consideramos lo recto y lo bueno aunque el ambiente nos quiere arrastrar por otro lado. Aprendamos a decirnos no para saber luego mantenernos firmes en lo que verdaderamente buscamos.

 

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