miércoles, 30 de septiembre de 2026

Mantengamos siempre el ritmo de los pasos de Jesús manteniendo nuestra fidelidad hasta el final aunque haya impedimentos o no seamos comprendidos

 


Mantengamos siempre el ritmo de los pasos de Jesús manteniendo nuestra fidelidad hasta el final aunque haya impedimentos o no seamos comprendidos

 Job 9,1-12.14-16; Salmo 87; Lucas 9,57-62

¿Me haces una rebaja? ¿cuánto tiempo me das para liquidar la cuenta? ¿podríamos combinar esto que parece tan bonito con aquello que tengo en casa de lo que no me gustaría desprenderme? ¿en cuanto tiempo tengo que decidirme? ¿lo puedo luego cambiar? ¿puedo volverme atrás si no me gusta? Son componendas, son arreglos a los que estamos acostumbrados en nuestras relaciones personales, en nuestros tratos comerciales, en las decisiones que tendríamos que tomar y ante lo que andamos siempre tan indecisos y bamboleantes. Rehuimos decisiones drásticas que condicionen nuestro futuro; los radicalismos parece que si pudieran valernos para nuestros gritos y reclamaciones, pero no tanto para las decisiones que hemos de tomar que marquen un rumbo a nuestra vida; estamos siempre temiendo tener que tomar decisiones que suenen a definitivas, tal es el relativismo en que vivimos.

Nos sucede en nuestra vida social, está en el ámbito de los planteamientos que tengamos que hacernos de la vida, nos toca en la vida familiar, están por medio los continuismos y permanencias como decimos ahora en nuestros trabajos y hasta en nuestras responsabilidades, ahí entran también los compromisos sociales en los que queramos implicar nuestra vida, nos llega y nos toca también a nuestra vida religiosa y todo lo que abarca el sentido cristiano de la vida. Indecisiones, falta de compromiso, poca continuidad, cansancios y aburrimientos que rompen muchos ritmos de la vida, actuamos muchos veces por impulsos momentáneos que muchas veces pronto se desinflan. Con esos presupuestos de vida ¿podemos plantearnos en serio un seguimiento de Jesús y una vida cristiana?

Es lo que se nos plantea hoy en el evangelio en algunos que se ofrecen para seguir a Jesús o en otros que condicionan su seguimiento a diversas situaciones que se puedan encontrar en su vida. Ya Jesús en otra ocasión nos dirá que o con El o contra El, que quien no recoge con El desparrama. Es la radicalidad que hoy también nos está planteando. Jesús no obliga a seguirle, Jesús invita, Jesús ofrece caminos, Jesús quiere que mantengamos una estabilidad en la vida y en las decisiones, no podemos ser veletas que nos dejemos llevar por el viento del momento. El impulso que nos ofrece su Espíritu es de continuidad y de estabilidad. No siempre es fácil, porque muchas veces nos podemos ver, como se suele decir, entre la espada y la pared, pero nuestras decisiones es necesario que sean firmes.

Hemos de tener claro lo que significa seguir a Jesús, ponernos en su camino; hay que tener en cuenta nuestra disponibilidad y nuestra generosidad, hemos de saber bien con que apoyos contamos, y hemos de tener claro lo que son las metas que nos propone Jesús. Por eso Jesús nos habla de ese vaciamiento de nuestra vida, donde no vamos a tener humanamente ni donde reclinar la cabeza pero siempre con la seguridad de que El acoge a los que están cansados y agobiados porque El es nuestro descanso; no podemos andar distraídos por la vida dejándonos arrastrar o engañar por cantos de sirena de otras cosas que nos pueden parecer también buenas y necesarias porque solo El es el sentido de nuestra vida; no podemos vivir de las añoranzas de lo que antes hayamos poder vivido sino que siempre tenemos que estar abiertos a la novedad que nos ofrece el Reino de Dios. Nos hablará no de remiendos sino de una vestidura nueva, nos hablará de odres nuevos para el vino nuevo del Reino de Dios.

¿Seremos capaces de ponernos en camino al ritmo de los pasos de Jesús? Cuidado con las rebajas y los remiendos, cuidado con las mezclas y las componendas, cuidado con las indecisiones y las miradas hacia atrás lamentándonos de lo que hayamos tenido que dejar., cuidado con las reservas para tener algo en lo que apoyarnos si algo nos falla algún día, cuidado con los miedos y las cobardías.

Nos cuesta, pero que nunca nuestro corazón se aparte de lo que es nuestro verdadero camino, que en el fondo mantengamos siempre nuestra más profunda fidelidad aunque las circunstancias nos cambien muchas cosas o nos por alguna razón nos podamos ver impedidos para expresar todo lo que llevamos dentro. Nuestro ser tiene que mantenerse en una fidelidad interior aunque no sea comprendida.


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