El
Niño que contemplamos en Belén lleno de los resplandores celestiales estaba
recostado en un pesebre cuyas pajas podían ser punzantes para su tierno cuerpo
de recién nacido
Hechos 6, 8-10; 7, 54-59; Salmo 30; Mateo
10, 17-22
En medio del ambiente de alegría y de
fiesta que vivimos en la Navidad, que además se prolonga con toda solemnidad
durante toda la semana hasta la octava, para algunos pudiera resultar chocante,
por decirlo de alguna manera, por cruentos estos de la Palabra de Dios que hoy
se nos proclaman y la celebración de este día primero de la navidad. Se nos
habla de sangre, de martirio, y se recogen los anuncios de Jesús de que no iba
a ser fácil la vida de sus seguidores.
Sin embargo todo tiene su sentido. No
todo es vivir la euforia de un momento de entusiasmo con aires de victoria;
tenemos que saber afrontar la realidad de la vida. El mensaje del evangelio no
es neutral, aunque tantas veces en nuestra sociedad se nos diga que la Iglesia
no tiene que meterse en opiniones sobre los problemas de nuestra sociedad; se
nos quiere poner en muchas ocasiones una mordaza, sobre todo por parte de
quienes se ven reflejados en la luz de la Palabra que proclama la Iglesia.
Ejemplos de ello tenemos muy recientes y los ha habido a lo largo de toda la
historia.
La verdad del evangelio no se puede
ocultar, el anuncio de algo nuevo para la vida de los hombres con todo lo que
tenga que significar de conversión es algo que tiene que estar muy claro en lo
que tiene que hacer la Iglesia, en lo que tenemos que proclamar los cristianos.
Los paños calientes no llevan a una curación duradera y como se nos dirá en la
Escritura santa ‘la verdad nos hace libres’, nos hace encontrar la verdadera
libertad.
Por eso no nos han de extrañar las
palabras de Jesús y que les escuchemos en medio de toda la alegría y esperanza
que suscita la navidad, porque tenemos que estar preparados y fortalecidos para
el camino que hemos de realizar. La alegría y la esperanza tienen que estar
presente siempre en nuestra vida y en el testimonio que demos como cristianos.
Pero sabemos que las piedras pueden llover sobre nosotros.
Por eso hoy la Iglesia nos presenta la
figura del primero de los mártires, Esteban, uno de aquellos siete diáconos
escogidos en la Iglesia primitiva para servir a los pobres. Su testimonio de
servicio va acompañado por el testimonio y valentía de sus palabras que sus
adversarios no pueden resistir. Es lo que se nos presenta en el texto de los
Hechos de los Apóstoles. Esteban tiene visión profética y es un verdadero
testigo que no puede callar lo que ve y lo que vive. Y da testimonio con su
sangre. No vamos a entrar en más detalles porque ya están suficientemente
explicados en el texto sagrado.
Nos queda lo que ese testimonio nos
está ofreciendo para nuestra vida. Demasiadas veces somos como camaleones que
nos queremos ocultar vistiéndonos los mismos ropajes del materialismo y de la
sensualidad de la vida que nos rodea. Somos cobardes para testimoniar con
palabras claras la verdad que nosotros vivimos y que tenemos que convertirla en
buena noticia para el mundo que nos rodea. Muchos son los temores que envuelven
nuestra vida, porque no queremos nadar a contracorriente de lo que, como se
dice hoy, tiene que ser políticamente correctos. Demasiadas acomodaciones
hacemos no mostrando con claridad nuestro carácter, nuestra identidad y nos
hacemos como uno de tantos. ¿Es así como pensamos que tenemos que dar
testimonio de nuestra fe y de ese mundo nuevo del Reino de Dios que Jesús nos
ha proclamado con plan para nuestra vida?
Jesús nos dice en el evangelio al
tiempo que nos anuncia esas persecuciones que podamos sufrir que no hemos de
temer, con nosotros está su Espíritu que nos dará fortaleza, que nos llenará de
sabiduría divina para responder también con nuestras palabras. Escuchemos y
hagamos vida en nosotros las palabras de Jesús.
El Niño que contemplamos en Belén lleno
de todos los resplandores celestiales estaba recostado en un pesebre cuyas
pajas podían ser también punzantes para su tierno cuerpo de recién nacido.
Puede ser significativo para comprender mejor el sentido de esta fiesta.
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