sábado, 29 de agosto de 2026

Preguntémonos dónde están los criterios sobre los que asentamos nuestra vida y manera de actuar y cuales son nuestras incongruencias escuchando la voz del bautista desde su martirio

 



Preguntémonos dónde están los criterios sobre los que asentamos nuestra vida y manera de actuar y cuales son nuestras incongruencias escuchando la voz del bautista desde su martirio

1Corintios 1, 26-31; Salmo 32; Marcos 6, 17-29

‘Es un veleta’, habremos escuchado alguna vez - ¿o quizás nos lo han dicho a nosotros? – en referencia a una persona que no tiene criterios, que parece que actúa siempre sin fundamento porque carece de principios en los que encuadrar su vida, las decisiones que toma, la manera de hacer las cosas; hoy dice una cosa y mañana según convenga, según las presiones que soporte, según sea de donde corre el viento así está actuando. En un momento determinado se deshace en alabanzas hacia una persona, cuando al momento siguiente la está criticando o denostando de lo que hace o de lo que dice; en un momento se presenta como una persona recta que incluso quiere enseñar a los demás, pero pronto veremos que su vida no es tan recta, que mucha es la malicia que pervive en su corazón, que el orgullo y el amor propio son los criterios con los que actúa, y en su vida no encontramos sino doblez, vanidad y falsedad.

No podemos ir por la vida de esa manera, porque aunque todo tratemos de cubrirlo con sonrisas y palabras bonitas en el fondo nos sentimos unos desgraciados, vacíos y sin nada en que fundamentar nuestra vida, nuestras reacciones serán de desconfianza pero en consecuencia quizás para mostrarnos con una firmeza que no tenemos nos volvemos violentos e intransigentes con todo el mundo, caemos por una pendiente en la que parece que no podremos parar nunca.

Puede parecer una descripción fuerte pero tenemos mirarnos con sinceridad y tomarnos más en serio nuestra vida, aceptando aquello que nos hace pensar, lo que nos descubre que hay otro camino y otra manera de hacer las cosas, que nos ayuda a centrar mejor nuestra vida y a buscar esos buenos criterios por las que ha de regirse nuestra vida y nuestras decisiones. Es lo que nos está diciendo el evangelio de hoy.

Resumido en pocas palabras diríamos que nos habla del martirio del Bautista pero detrás de ello nos quiere decir muchas cosas y nos obliga a contemplar con crudeza también el cuadro de nuestra vida. Hay dos posturas, dos criterios, dos maneras de entender las cosas que se contraponen y se reflejan en los personajes que nos aparece en el texto sagrado. Como música de fondo, podríamos decir, pero ofreciéndonos una hermosa coral está la figura del Bautista, que no se reduce a las pocas cosas que ahora se nos dicen. Detrás está toda su predicación en el desierto y su forma de vivir, en primer plano nos aparece su valentía para denunciar la corrupción de Herodes por su manera de vivir que precisamente le ha llevado a la cárcel, pero aparece como apoteosis final su fidelidad y su martirio; es el testigo de algo nuevo y distinto que aparece en su figura que incluso les hará decir en quien puede parecer su enemigo que Juan era un hombre justo y santo. Ahí tenemos su testimonio que llevará con toda fidelidad hasta el final.

Como contrapunto está la figura de Herodes, quien dirá de Juan cosas hermosas, que aunque le inquietaba tenía el gusto de escucharle, que decía incluso que lo defendía pero que sin embargo su vida va rodando por una pendiente de la que parece que no hay manera de zafarse. No deja de ser incongruente porque su vida escandalosa sigue adelante, su manera de vivir reflejada en su mal llamado matrimonio pero también la superficialidad de su vida donde todo parece ser banquetes, fiestas y placeres, pero será la falta de respeto a sí mismo cuando simplemente parece estar más sujeto a la buena consideración que reciba de los demás; ‘por su juramento y por el qué dirán de sus invitados no querrá desairar’ a quien es capaz de pedir una vida humana.

Muchas consideraciones nos hemos hecho cada vez que hemos meditado este evangelio tanto en referencia a las inocuas posturas de Herodes pero también de la luz que sigue derramando sobre nosotros la figura del Bautista, la voz que clama en el desierto, que sigue clamando en nuestros desiertos, en las sequedades con que vivimos hoy nuestra vida y que necesitamos esa voz que nos grite y que nos despierte.

Quedémonos hoy preguntándonos donde están los criterios sobre los que asentamos nuestra vida y nuestra manera de actuar, preguntándonos por la congruencia de nuestra vida o si acaso nosotros somos también como veletas que señalan direcciones opuestas según venga el viento quizás del qué dirán o de nuestras superficialidades que nos pueden llevar a un terrible vacío espiritual en nuestras vidas.

¿Trataremos también de apagar quizás esa voz que nos grita y nos despierta porque preferimos seguir en la vaciedad de nuestras rutinas?


viernes, 28 de agosto de 2026

Qué importante ese aceite que hemos de mantener como reserva en nuestro espíritu y en nuestra vida y así siempre nuestra luz resplandecerá y podrá iluminar el camino

 


Qué importante ese aceite que hemos de mantener como reserva en nuestro espíritu y en nuestra vida y así siempre nuestra luz resplandecerá y podrá iluminar el camino

1Corintios 1, 17-25; Salmo 32; Mateo 25, 1-13

Lo que tenga que suceder ya vendrá haga yo lo que haga, para que voy yo a andar con agobios y preocupaciones, habremos oído decir a alguien o lo habremos dicho en alguna ocasión; no es simplemente una frase que decimos para salir del paso, expresa una actitud y una postura, está quizás manifestando la actitud pasiva con que nos tomamos la vida o las cosas que deberíamos hacer; esperar no es quedarnos sentados aunque estemos en el lugar de paso de quien esperamos, es necesario algo más.

Hace días me sucedió, esperaba el servicio publico de transporte, la guagua como decimos en mi tierra, y estaba en su parada, pero me había sentado tranquilamente y mientras me había entretenido con el móvil, como ahora todos hacemos que lo tenemos siempre en nuestras manos, y pasó el autobús y siguió de largo dándome cuenta cuando ya iba unos cuantos metros más allá de la parada; no era suficiente que estuviera en la parada, tenía que estar atento, tenía que hacer señales de que yo quería utilizar ese servicio. Pasó de largo. Esperar no es solo estar sentado incluso aunque sea el lugar adecuado.

Es lo que nos está enseñando Jesús con la parábola que hoy nos propone y que tantas veces hemos reflexionado; nunca terminaremos de sacar enseñanzas, porque así es la riqueza de la Palabra de Dios. Unas jóvenes que salieron, según las costumbres de la época para recibir e iluminar el camino del novio que llegaba a su boda; su misión esperar para luego poder iluminar acompañando con sus lámparas encendidas al cortejo; pero había que tener también suficiente aceite para que esas lámparas se mantuvieran encendidas. La parábola habla de una tardanza, porque además nunca se sabe ni el día ni la hora, pero también de un dormirse de quienes estaban esperando; despiertas quizás se hubieran dado cuenta de la tardanza y de la posibilidad de no tener suficiente combustible para reabastecerse a tiempo, pero habían entrado en una pasividad por la mala confianza que no les había hecho previsoras. Luego ya no fueron reconocidas cuando llegaron hasta la puerta cerrada ya.

Es la necesaria vigilancia de la vida, hay que estar atentos, debemos dar señales de que en verdad estamos esperando algo, hemos de tener las necesarias disposiciones, tenemos que darnos cuenta de la importancia del momento, tenemos que sentirnos responsables de lo que tenemos entre manos y actuar en consecuencia, las actitudes pasivas no son las mejores porque al final nos quedamos dormidos o perdemos la conciencia del lugar que hemos de ocupar en la vida, hemos de ser conscientes de verdad de la transcendencia que tiene cada momento y cada cosa que hagamos.

Podemos pensar en ese momento final de nuestra existencia para el que debemos estar preparados porque esa vigilancia y esa preparación que vivamos en cada momento va a definir el sentido ultimo de nuestra vida pero también de nuestra eternidad. ¿Podremos escuchar entonces ese ‘venid benditos de mi Padre a poseer el Reino que tengo preparado para vosotros…’ porque realmente hemos estado vigilantes y en buena disposición para ese momento final y transcendental?

Pero precisamente por eso hemos de estar con esa vigilancia y atención en cada momento de nuestra vida porque un tesoro se ha depositado en nuestras manos que no podemos enterrar, como se nos dirá en otra parábola. Tenemos una responsabilidad en nuestras manos y no solo porque pensemos en un beneficio propio sino también porque en eso que hacemos nos debemos a los demás. Desarrollamos nuestros valores y capacidades, hacemos florecer nuestras cualidades y nuestras posibilidades, nos sentiremos enriquecidos y no solo es pensar en lo económico sino en lo humano y en lo espiritual con el fruto que producimos con nuestro hacer, pero que no es solo para nosotros sino que también es en bien de los que nos rodean, de nuestra sociedad a la que estamos enriqueciendo también con lo que nosotros aportamos, construimos, ideamos. Aquellas doncellas no solo alumbraban el camino para si, sino para todos los que iban a participar de aquella boda. Nuestra tarea no solo nos da una riqueza personal sino que es riqueza para toda la humanidad.

Eso nos tiene que hacer pensar en el cuidado de nuestra vida, en cómo nosotros también tenemos que ir enriqueciéndonos interiormente para poder luego iluminar a los demás, cómo tenemos que preocuparnos de crecer por dentro, de no enterrar nuestros talentos, de sacar a flote toda nuestra creatividad, de ofertar a los demás esa riqueza interior que tenemos que alimentar y hacer crecer. 

Qué importante es todo aquello que nos pueda ayudar en nuestra formación y en nuestro crecimiento, qué importantes son esos deseos de superación que tenemos que alimentar dentro de nosotros, qué importante es que limemos todo aquello que forma parte de nuestra vida y de nuestro carácter para que podamos ajustarnos bien con los demás y por el roce nunca nos hagamos daño. Es ese aceite que hemos de mantener siempre como reserva espiritual en nuestra vida y así nuestra luz siempre brillará.


jueves, 27 de agosto de 2026

Vigilantes, atentos, despiertos para no perder esos momentos de gracia cuando de muchas maneras el Señor llega y se hace presente en nuestra vida

 


Vigilantes, atentos, despiertos para no perder esos momentos de gracia cuando de muchas maneras el Señor llega y se hace presente en nuestra vida

1Corintios 1, 1-9; Salmo 144; Mateo 24, 42-51

Algunas veces estamos pensando tanto en el futuro que nos olvidamos de vivir el tiempo presente. Esto creo que lo podríamos traducir en muchos aspectos de nuestra vida; desde el que sueña, por ejemplo, en el día que la suerte le acompañe y le toque un gran premio y se imagina cuantas cosas hermosas podrá tener entonces, lo feliz que podrá vivir, las muchas cosas que podrá hacer cuando tenga ese gran premio, pero ahora no sabe aprovechar y disfrutar de las pequeñas cosas con que la vida lo va enriqueciendo o en las oportunidades que ahora tiene; bueno, ahora nos lo arreglamos como sea pero ya llegarán esos momentos futuros.

Eso se puede traducir en el trabajo que cada día tengo que realizar, aunque nos parezcan cosas nimias o poco importantes, pero pensando en lo que un día podrá realizar, abandona la responsabilidad de esas pequeñas cosas de cada día que van a ser el cimiento de lo que un día podrá realizar; y así los cimientos se quedan cojos, por decirlo de alguna manera, y no estamos fundamentando verdaderamente nuestra vida.

Es lo que también en nuestra vida cristiana hemos de tener en cuenta y de lo que nos está hablando hoy Jesús en el evangelio. Nos habla de la venida del Hijo del Hombre que no sabemos cómo ni cuándo será y para lo que hemos de estar preparados. Todo bien, pero muchas veces nos quedamos en el momento final, los últimos tiempos, que por supuesto también hace referencia, pero yo quiero pensar que Dios viene cada día a nuestra vida; cada día va poniendo señales de su presencia que tenemos que saber distinguir, cada día quiere estar a nuestro lado y algunas veces, muchas veces tenemos que decir también no estamos atentos a esa presencia del Señor, y pasa el Señor por nuestra vida y no lo reconocemos.

Claro que hemos de estar preparados para ese momento final que queremos que sea en la gracia de Dios, pero ese momento final lo vamos preparando en el momento presente, en cada momento, en cada día, en cada acontecimiento, en cada llamada que el Señor nos va haciendo en esa palabra que escuchamos y nos llega al corazón, en ese gesto bueno que alguien tiene con nosotros y que tendría que convertirse en gracia de Dios para nuestra vida, en cada esfuerzo que vamos realizando por superarnos, en esa responsabilidad que vivimos en cada momento en lo que hacemos, en ese deseo por crecer espiritualmente, por mantenernos lejos del pecado y del mal. Son presencia del Señor en nuestra vida a la que tenemos que saber estar atentos.

Nos está hablando el Señor de la responsabilidad del administrador de la casa que no puede descuidar la atención que tiene que prestar a cada una de las situaciones que se puedan presentar para saber dar respuesta responsable; nos está hablando del que tiene que estar atento en la puerta para abrir apenas llegue el dueño de la casa; nos está hablando del que no se deja dormir en las cosas que tiene que hacer sino que actúa siempre con responsabilidad.

¿Eso lo hacemos con nuestra vida espiritual? ¿Eso lo hacemos en todo lo que significa el compromiso de nuestra vida cristiana? ¿Es ese el sentido y el estilo con el que vivo mi pertenencia a mi comunidad cristiana con la que estoy contribuyendo con mi colaboración y mi participación? ¿Nos encontrará así atentos el Señor, pero no solo en el momento final, sino en el hoy donde el Señor quiere hacerse presente en mi vida pero al mismo tiempo nos está pidiendo que seamos signos de Él en medio del mundo que nos rodea?

Es la riqueza de gracia que en cada momento podemos vivir; es el saber encontrarnos con el Señor en el día a día de nuestra vida. Tenemos que estar vigilantes, atentos, no podemos perder esos momentos de gracia.


miércoles, 26 de agosto de 2026

Es hora de revisarnos con sinceridad, nuestras actitudes y posturas en muchas cosas, nuestra manera de actuar, también muchas veces incongruentes en nuestros juicios y prejuicios

 


Es hora de revisarnos con sinceridad, nuestras actitudes y posturas en muchas cosas, nuestra manera de actuar, también muchas veces incongruentes en nuestros juicios y prejuicios

2Tesalonicenses 3, 6-10. 16-18;Salmo 127; Mateo 23, 27-32

Si yo hubiera estado allí… habremos dicho en alguna ocasión cuando vemos desde la distancia alguna situación que no brilla precisamente por la rectitud, por la honradez, por el saber estar y el buen hacer de los que presenciaron aquella situación y quizás no hicieron nada; y venimos nosotros, como redentores por decirlo de alguna manera y decimos que nosotros hubiéramos actuado de otra manera, que no hubiéramos permitido las cosas que sucedieron y mil cosas más; pero nosotros no estuvimos allí, de verdad ¿qué hubiéramos hecho? ¿ir a la contra quizás de lo que todos hacían por inercia? Es fácil mirar desde la distancia y también somos tendenciosos para culpabilizar y quitarnos culpas a nosotros mismos de encima.

Es como cuando hay un accidente y en aquel momento de urgencia los que estaban presentes y pudieron ayudar con buena voluntad hicieron todo lo que estaba de su parte o sabían hacer, pero luego vendrá el sabio de turno para decir lo que no tenían que haber hecho, lo que él hubiera decidido si hubiera estado allí, pero no estaba y los que estaban hicieron lo que les dictó su saber en aquel momento. Otra cosa es decir que tenemos que estar más preparados para situaciones así, que tendríamos que tener claros unos protocolos y demás cosas de preservación.

Jesús sigue hablando fuerte contra los escribas y fariseos, como hemos venido escuchando estos días. Les habla de su hipocresía y doblez de corazón, de la incongruencia con que se actúa tantas veces cuando no hay una concordancia con lo que decimos o con lo que queremos imponer a los demás, mientras nosotros hacemos lo contrario. Hablaba Jesús contra quienes se consideraban dirigentes del pueblo o de quienes considerándose en un estadio superior en que incluso se consideraban más perfectos luego trataban de cargar a la gente sencilla de normas y preceptos que ellos en lo interior de sus corazones lo tenía muy lejos. Hoy les llama sepulcros blanqueados, muy bonitos por fuera pero bien sabemos lo que hay en su interior, pero Jesús quiere hacerles caer en la cuenta de la maldad que ellos llevan en su interior, hipocresía y crueldad, les dice.

Pero volvemos a repetirnos, ‘si hubiéramos estado allí…’ nosotros no hubiéramos sido como ellos, porque nosotros – desde la distancia – nos damos cuenta muy bien de la incongruencia en que vivían. ‘Si hubiéramos estado allí…’ nos decimos; pero más tenemos que plantearnos y nosotros, ahora y aquí, ¿qué es lo que hacemos? ¿No nos podrá suceder que nos parecemos demasiado a aquellos escribas y fariseos contra los que habla Jesús?

Es hora de revisarnos con sinceridad; hora de revisar nuestras actitudes y posturas en muchas cosas; hora de revisar nuestra manera de actuar. ¿No estaremos siendo también muchas veces incongruentes en nuestros juicios y prejuicios, con nuestras criticas a todo el que no ve las cosas como nosotros las vemos o quienes tienen unas posturas o unos principios distintos a los nuestros?

Pensemos, por ejemplo, en la crispación en que vive hoy nuestra sociedad y qué mal ejemplo nos dan nuestros dirigentes, sean del color que sean, pero quienes nos decimos cristianos y hemos optado por el seguimiento del Jesús que nos da como único y principal mandamiento el del amor, veamos cómo reaccionamos con quienes tienen otra opinión, otra manera de ver las cosas y unas actuaciones que quizás no nos gusta. ¿Qué epítetos usamos habitualmente para catalogar a esas personas? ¿Cuáles son los deseos que albergamos en nuestro corazón, que no siempre se queda en lo secreto porque muchas veces lo proclamamos bien alto, contra esas personas a las que quisiéramos quitar de en medio y no nos importaría incluso la violencia? ¿Esa tendría que ser la actuación, el lenguaje, los deseos de uno que se dice seguidor de Jesús el que incluso desde la cruz estaba diciendo ‘Padre, perdónales porque no saben lo que hacen’?

El evangelio siempre tiene que ser un interrogante que se abre ante nuestra vida y nuestra manera de actuar; no hemos de tener miedo que nos produzca inquietud y desazón porque puede significar muy bien que nos está tocando nuestras heridas que tenemos que saber curar.


martes, 25 de agosto de 2026

De nada nos vale un oloroso perfume que nos pongamos externamente si dejamos que nuestro corazón lleva el desagradable olor de la maldad

 


De nada nos vale un oloroso perfume que nos pongamos externamente si dejamos que nuestro corazón lleva el desagradable olor de la maldad

2 Tesalonicenses 2, 1-3a. 14-17; Salmo 95; Mateo 23, 23-26

Y aun seguimos viviendo en un mundo de apariencias; y no me quiero referir solo a las vanidades de la vida que manifestamos con nuestros lujos por una parte, pensando que nuestros ostentosos vestidos son los que nos dan verdadero prestigio, sino quiero pensar más en la falsedad con que aparentamos una bondad que no tenemos, una rectitud que se queda solo en el cumplimiento de unas normas sino saber encontrar su sentido más hondo, o el ocultamiento de los verdaderos sentimientos que tenemos dentro de nosotros bien lejanos de una bondad y de una auténtica cercanía de amor y amistad.

Es lo que hoy Jesús en el evangelio quiere denunciar de nuestra vida, o mejor, las actitudes nuevas que hemos de vivir con autenticidad y con una vida congruente. Porque decir lo bueno que hay que hacer en cierto modo es fácil y de eso es capaz todo el mundo, pero hacer que esa bondad abunde en nuestro corazón que luego se refleje en unas actitudes y en una manera de actuar es algo bien distinto.

Por eso Jesús los llama hipócritas, esa palabra que nos habla de una doble cara; era la careta que se ponían los actores en el teatro para poder representar a un personaje. Era esa apariencia que el actor tenía que dar para poder caracterizar al personaje. Las caretas con las que ahora nosotros quizás queremos representarnos es la de cumplidores y la de personas buenas, pero ¿dónde está nuestro corazón? ¿Qué es lo que realmente sentimos por dentro? ¿Cuál es, por ejemplo, la malquerencia que ocultamos detrás de una sonrisa? ¿Queda algo profundo dentro de nosotros tras esa religiosidad que vivimos quizás solamente por seguir unas tradiciones o porque queda bonito el que nos presentemos así con esos signos religiosos externos cuando quizás nuestro corazón está muy lejos de Dios?

Como les dice hoy Jesús a los fariseos ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad …!’ Es lo que nos tiene que hacer pensar. Nos es en cierto modo decir que somos muy creyentes y muy cristianos porque quizás aun mantenemos unas costumbres y tradiciones en su origen fruto de una religiosidad profunda, expresión de unos sentimientos cristianos, pero quizás luego nuestros valores, las cosas que marcan el sentido que le hemos dado a nuestra vida están muy lejos de lo que Jesús nos enseña en el evangelio.

¿Reflejamos de verdad ese amor cristiano, ese amor con el sentido que nos enseña Jesús en lo que hacemos o lo que son nuestras relaciones con los demás? Seguimos discriminando y poniendo distancias con aquellos que no nos caen bien, mantenemos el resentimiento y hasta el odio en el corazón dejándonos de hablar por cualquier cosa por la que nos hayamos sentido heridos, somos incapaces de ser misericordiosos y compasivos con los demás ofreciendo generosamente el perdón, actuamos desde la ambición o desde la envidia para destruir cuanto de bueno puedan hacer los demás. Y esto son cosas que suceden cada día en esta sociedad donde decimos que todos somos cristianos y luego hasta hacemos grandes fiestas al ‘Cristo’ de nuestra devoción, a la Virgen o al patrono de nuestros pueblos. Tras esas fiestas, por ejemplo, ¿donde florecen los valores y las actitudes cristianas?

Porque cuando leemos un evangelio como el de hoy quizás nos preguntamos por qué los fariseos actuaban como actuaban y ya tenemos preparado nuestro juicio de condena. Pero, ¿no nos pareceremos de alguna manera nosotros a ellos porque también vamos actuando con esa doble vida? Es cierto que somos humanos y siempre en nosotros hay debilidades, pero lo humano y valiente es reconocer nuestra debilidad pero querer dejarnos transformar por unas buenas y nuevas actitudes.

Por eso termina hoy pidiéndonos Jesús que limpiemos el corazón por dentro. No dejemos nunca que la maldad, sea la que sea, se enroque dentro de nuestro corazón. Esa apariencia sería como la del que se pone olorosos perfumes, pero su cuerpo sigue sucio y lleno de desagradable sudor. Como nos dirá en otro momento, eso es lo que verdaderamente nos hace impuros.


lunes, 24 de agosto de 2026

Son muchos los que andan en caminos oscuros y necesitan escuchar la invitación de Felipe a Natanael ‘ven y lo verás’ para llegar a la experiencia de Jesús

 

Son muchos los que andan en caminos oscuros y necesitan escuchar la invitación de Felipe a Natanael ‘ven y lo verás’ para llegar a la experiencia de Jesús

Apocalipsis 21, 9b -14; Salmo 144;  Juan 1, 45-51

Alguna vez habremos discutido con alguien cuando ha querido mostrarnos algo que ha sucedido o él ha experimentado pero que a nosotros nos parece algo insólito y difícil de aceptar por lo que nosotros nos hemos negado a aceptarlo por muchas que fueran las razones que el amigo nos ofreciera para que le creyéramos; quizás el amigo cansado ante nuestras negativas, porque él además está muy convencido de la experiencia que ha vivido, ha terminado por decirnos, pues ven para que lo veas por ti mismo y te convenzas. ¿Llegaremos a ir aunque solo fuera por quitarnos de encima tal insistencia y tanta presión?

Algo así es lo que nos está contando hoy el evangelio. Estamos en aquellos primeros momentos de la predicación de Jesús donde se está dando a conocer a haciendo el anuncio de conversión para aceptar la buena noticia del Reino de Dios. Algunos han comenzado ya a seguirle de cerca, otros han venido atraídos por las invitaciones que han recibido y en el caso de Felipe ha escuchado la llamada de Jesús y se ha ido con El. Ha sido una experiencia impactante en su vida; ahora no puede hacer otra cosa sino estar hablando de lo que él ha vivido; se ha tropezado con su amigo Natanael y le anuncia que han encontrado a aquel del quien habla Moisés en la ley y los profetas, y le señala a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.

No está viendo las cosas claras Natanael, aunque se ve que es un hombre que conoce las Escrituras. Si Felipe le habla de que han encontrado al Mesías, ¿cómo va a ser simplemente el hijo de José, el carpintero, y además de ese pueblito de Nazaret? Es la reacción normal que siempre se tiene ante las cosas que nos puedan venir del pueblo de al lado – siempre nuestro pueblo será mejor como tantas veces nos sucede en nuestra vida pueblerina de cada día – pero además le parece inverosímil que suceda algo así sin que haya habido unos signos y señales venidos del cielo.

Ya a Felipe no le quedan más argumentos para convencerlo. Cansado de tanta réplica simplemente le dirá ‘Ven y verás’. Nos está diciendo algo con gran sabiduría Felipe porque el aceptar o no aceptar a Jesús va mucho más allá de unos convencimientos por unos razonamientos. Cuando Natanael se encuentra con Jesús se sorprende por el saludo y la acogida que es valorar algo bueno que hay en la vida de Natanael. Jesús habla de su rectitud y de su madurez. ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Se sorprende el bueno de Natanael por lo que le replicará de qué lo conoce. ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Y ya Natanael no puede más. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Es un reconocimiento de fe que ha partido solo de una experiencia de encuentro con Jesús.

No vamos ahora a ponernos a hacer consideraciones de lo que pudiera significar o no esta frase de Jesús. Lo importante es que Jesús nos ha mirado antes de que nosotros quisiéramos ir a El. Nos conoce y quiere contar con nosotros, solamente tenemos que dejarnos mirar por Jesús, pero con sinceridad, con humildad, con apertura de corazón. No podemos poner vallas en nuestro alrededor, no podemos crear abismos de distancias, no podemos ocultarnos tras las hojas de la higuera, Jesús pasa nuestro lado y nos mira, y nos llama, y nosotros tenemos que abrir los oídos de nuestro corazón para escucharle, y nosotros tenemos que dejarnos conducir por aquellos que quieren llevarnos a Jesús.

Como ahora ha estado haciendo Felipe, como veremos en otra ocasión del evangelio en que los que están a nuestro lado en el camino nos estarán diciendo, vamos levántate que te llama, como aquel ciego del camino de Jericó. Lo que parecía que podían ser obstáculos – recordamos como querían hacerlo callar los gritos del ciego pidiendo compasión – sin embargo luego fueron los que lo ayudaron para que llegara a Jesús. Así nos sucede tantas veces. Porque necesitamos ir a tener esa experiencia del encuentro con Jesús. Aquel ciego que mencionábamos recobró la vista, a Natanael se le abrió un camino de luz porque terminó reconociendo a Jesús.

¿Qué podemos ofrecer de todo esto a los demás? ¿No tendremos que decir también ‘ven y verás’ para que otros vayan al encuentro con Jesús? Son tantos los que necesitan escuchar esa invitación.


domingo, 23 de agosto de 2026

A pesar de nuestros miedos y cobardías tenemos que definirnos por Jesús porque El además sigue confiando en nosotros para seguir sembrando la semilla del Reino

 




A pesar de nuestros miedos y cobardías tenemos que definirnos por Jesús porque El además sigue confiando en nosotros para seguir sembrando la semilla del Reino

Isaías 22, 19-23; Salmo 137; Romanos 11, 33-36; Mateo 16, 13-20

No siempre es fácil definirnos en la vida, porque las cosas son más complejas que lo que aparentemente se nos pueden ofrecer y nos entran nuestros miedos, nuestras personales consideraciones si lo que vamos a decir cae bien a todos, las influencias que recibimos de lo que nos rodea o de quienes dirigirnos en una dirección determinada según los intereses de cada uno. Decimos, es verdad, que somos libres y que cada uno tiene su opinión y se expresa como quiere, pero quizás no siempre actúa con esa auténtica libertad porque son muchas las presiones que puede también recibir en un sentido o en otro; también está nuestra propia debilidad o nuestra poca madurez para tener ideas claras, para hacer opciones que puedan comprometer nuestra vida. Definirnos sobre algo es bastante complejo en muchas ocasiones.

¿Será eso lo que de alguna manera les está planteando Jesús? Ya llevan un tiempo con él en una cercanía que otros no tienen, un día habían optado por seguir a Jesús, tras la invitación del propio Jesús o desde inquietudes que sentían en su corazón. Algo podían ellos ir sintiendo ya dentro de sí sobre lo que Jesús estaba significando en medio del pueblo y para sus propias vidas; veían también las respuestas diversas que se iban dando al mensaje de Jesús, desde quienes se entusiasmaban con sus palabras o con los signos que realizaba hasta lo que hacían oposición frontal al mensaje de Jesús desde sus distintas posiciones, en algunos casos muy interesadas. Y entonces surge la pregunta de Jesús.

Están ya un poco fuera del territorio palestino porque están en la región de Cesarea de Filipo, muy al norte, en el nacimiento del Jordán y en las fronteras con Fenicia. A Jesús les gustaba llevar a los discípulos más cercanos a lugares apartados donde no hubiera tanta presión de la gente que los seguía y no les daba tiempo ni para comer, como en algún momento se dice, y es ahí donde los cuestiona.

Primero que manifiesten lo que ellos escuchan que la gente piensa de Jesús. Una pregunta más fácil de responder porque se trata de hacer como se dice ahora una lluvia de ideas recogiendo las opiniones que conocían de la gente. ‘¿Quien dice la gente que es el Hijo del Hombre?’ Un profeta como no lo ha habido nunca igual, vienen a decirle, porque recuerdan a los antiguos profetas, o recuerdan a Juan que recientemente había aparecido en las orillas del Jordán, del que algunos de ellos habían sido también discípulos.

Pero Jesús no se quiere quedar en esas generalidades y la pregunta va directa a lo que ellos puedan pensar. ‘Y vosotros, ¿quien pensáis que soy yo?’ La respuesta no surge ahora tan espontánea; podemos imaginar como se miran los unos a los otros a ver quien es el primero que se atreve a hablar. Y será Simón Pedro el que se adelantó tomando la iniciativa y poco menos que la representación del pensamiento de todos. ‘Tú eres el Mesías, el ungido de Dios, el Cristo, el Hijo del Dios vivo’.

Una profunda afirmación de fe que incluso Jesús le dirá que no lo está diciendo por si mismo, sino porque el Padre se lo ha revelado en su corazón. Una profunda afirmación de fe que va a provocar una promesa de Jesús, porque ahí está la roca sobre la que se va a fundamentar la Iglesia, esa nueva familia de los hijos de Dios que se está constituyendo en la medida en que se va haciendo más presente el Reino de Dios. ‘Eres la roca sobre la que edificaré mi Iglesia y el poder del maligno no podrá contra ella… en tus manos están las llaves del Reino, en torno a esta roca se va a formar, se va a entrelazar una nueva unión, una nueva comunión…’

Son cosas muy importantes las que aquí escuchamos, es el comienzo de algo nuevo como nueva tiene que ser nuestra vida desde ese encuentro vivo con Jesús. Aquí estamos proclamando lo que es nuestra fe, pero también lo que tiene que ser nuestro camino de ahora en adelante. Aquí al proclamar nuestra fe nos estamos manifestando también con humildad porque solo desde la fuerza del Espíritu de Dios en nuestro corazón. podremos proclamarla y podremos vivirla.

Cambien tenemos nuestros miedos y nuestras dudas, también rebrotarán muchas veces nuestras cobardías y nuestros tropiezos, como Pedro a quien vemos hoy haciendo esta hermosa confesión de fe; pero es el Pedro que quería quitarle de la cabeza a Jesús la idea de su subida a Jerusalén con todo lo que allí podría suceder; es el Pedro que se siente pequeño y pecador cuando ve las maravillas de Dios que se realizan en Jesús como cuando la pesca milagrosa; es el Pedro que en un momento querrá utilizar las mismas armas del mundo para defender a Jesús como cuando sacó la espada de la violencia en el Huerto de los Olivos; el Pedro que se había quedado dormido cuando Jesús los invitaba a la vigilancia; el Pedro que se quedaba extasiado en los momentos de gloria, pero que recularía cuando alguien le dijera que él también era de los que estaban con Jesús.

Son también nuestros miedos y nuestras dudas, nuestras debilidades y nuestras tibiezas, pero los que tenemos que tenemos que seguir confiando en Jesús, dejándonos conducir por su Espíritu, poniendo todo nuestro empeño en seguir sembrando en los surcos de la vida esa nueva semilla del amor. Jesús quiere seguir confiando en nosotros, ¿qué respuesta le damos? ¿Llegaremos nosotros a definirnos por Jesús y por el evangelio?